En un mundo cada vez más industrializado, la protección de la naturaleza se ha convertido en una prioridad para la Unión Europea. La pregunta clave es: ¿cómo asegurar la conservación de los ecosistemas en una sociedad desarrollada? La respuesta pasa por movilizar fondos públicos y privados para defender el medio natural, un tema recurrente en la Cumbre del clima.
La Comisión Europea ha identificado un déficit grave de inversión verde en Europa. Según sus datos, se necesitan 65.000 millones de euros anuales para la defensa de la biodiversidadpero solo se invierten 28.000 millonesmenos de la mitad. Esta brecha no es la única; en economía circularse necesitan 200.000 millonespero solo se superan los 120.000 millones. En gestión hídricaaunque hay avances, se invierten 55.000 millones frente a los 77.000 millones necesarios.
La urgencia económica y ambiental
La urgencia no solo proviene de la necesidad ambiental, sino también de las peticiones económicas. En Bruselasse insiste en que frenar la degradación de la naturaleza es clave para evitar la pérdida de bienestar. El Banco Central Europeo (BCE) ha advertido que la conservación de la naturaleza puede suavizar las consecuencias de fenómenos extremos a medio y largo plazo.
La Comisión de Medio Ambiente destaca que la conservación de la naturaleza no solo se trata de mariposas bonitassino de garantizar la seguridad alimentaria. Este tema está en la agenda del Consejo de Europaque lo abordará en las próximas semanas.
Reindustrialización y protección ambiental
El debate llega en un momento en que Europa apuesta por la reindustrialización. Sin embargo, este proceso es inviable si se renuncia a proteger el medio natural. La comisaria de Medio Ambiente, Jessika Roswallafirma que la competitividad no puede medirse solo a corto plazo. Europa busca un modelo industrial capaz de competir sin rebajar las exigencias ambientales y sociales.
Roswall asegura que el Green Deal europeo no está en riesgo porque la seguridad también depende de la conservación de los ecosistemas. La inversión privada es imprescindible, pero sin sustituir la responsabilidad de los Estados y evitando el green washing.
Créditos climáticos y proyectos de restauración
Una de las herramientas que ha ganado peso son los créditos climáticos. La idea es que las empresas inviertan para garantizar los servicios ecosistémicos que presta la naturaleza, como la protección frente a inundaciones y la captura de carbono en bosques y humedales. Sin embargo, la Comisión advierte que esta vía no puede ser la única respuesta.
En algunos países, como Franciase están estudiando fórmulas para financiar actuaciones de restauración en colaboración público-privada, como proyectos de recuperación de humedales en Normandía. El objetivo es que la conservación de la naturaleza se vea como una actividad con valor económico y social.
En Cataluñael Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica ha impulsado la creación de créditos climáticos. La región avanza hacia un modelo de gestión ambiental basado en la creación de capital natural. Proyectos como los de gestión forestal y mejora de hábitat en el valle del río Muga (Alt Empordà) son ejemplos de esta iniciativa.



