Viajar desde África hacia el norte global se ha convertido en una odisea burocrática para muchos profesionales, académicos y artistas. Las altas tasas de rechazo de visados y los costosos procesos administrativos cierran las puertas a quienes buscan oportunidades en el extranjero, bajo la sospecha de que no regresarán a sus países de origen.
Este problema, que no es nuevo, saltó a la palestra durante el reciente Mundial de fútbol en EE.UU., México y Canadá. Casos como el del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, vetado por Washington, o el del portero de cabo verde Josimar Dias ‘Vozinha’, cuya madre solo pudo viajar gracias a una exención de tasas, pusieron de manifiesto las dificultades que enfrentan miles de aficionados y profesionales africanos.
Las cifras detrás de los rechazos
África lidera las listas de rechazo de visados de corta duración tanto para EE.UU. como para el espacio Schengen. Según datos del Departamento de Estado estadounidense 19 países africanos tienen una tasa de rechazo superior al 60 %. En 2026, Somalia (83,5 %), Sudán del Sur (76,1 %) y Gambia (75,3 %) encabezaron la lista.
La situación es similar en Europa. Según un análisis del LAGO Collective países como Nigeria (casi el 58 %), Burundi (53,4 %) y Senegal (casi 52 %) presentan algunas de las tasas de rechazo más altas en el espacio Schengen. Marta Foresti, fundadora del LAGO Collective, explica que hay una relación directa entre la pobreza del país de origen y las probabilidades de rechazo.
El costo oculto de los rechazos
Los rechazos no solo representan una pérdida de tiempo y oportunidades, sino también un costo económico significativo. Las tasas de visado no reembolsables ascienden a al menos 90 euros en Schengen y 185 dólares en EE.UU. Según cálculos del LAGO Collective, en 2026 estas tasas ascendieron a más de 157 millones de euros en Schengen, de los cuales más de 63 millones fueron pagados por africanos.
Además de las tasas, los solicitantes deben asumir otros gastos como vuelos, alojamiento y seguro médico perdidos en el país de destino, así como los costos de desplazamiento a las oficinas consulares, muchas veces ubicadas en países vecinos debido a la falta de embajadas en África.
Testimonios de una realidad humillante
Los argumentos de las embajadas suelen reducirse a una sospecha generalizada la idea de que los africanos no regresarán a sus países una vez vencido el visado. Esta percepción afecta incluso a profesionales altamente cualificados. Mafaro Kasipo, experta en derecho y crimen transnacional de Zimbabue, relata su frustración al enfrentar múltiples rechazos a pesar de contar con dos másteres, un doctorado y experiencia en la ONU.
Lydia Namatende, académica ugandesa del Centro Africano de Investigación sobre Población y Salud (APHRC), también ha enfrentado dificultades. En 2026, tuvo que pagar un depósito de 10.000 dólares para asistir a una conferencia en EE.UU. «No solo es una pérdida de tiempo y dinero, también es humillante. Te quita la dignidad», señala Namatende.
Estas barreras no solo afectan a los individuos, sino que también limitan la participación de África en eventos internacionales. Un ejemplo fue la 24ª Conferencia Internacional sobre el SIDA de 2026 en Canadá, donde el rechazo de visados a delegados de África subsahariana desató protestas.
Aimée-Noël Mbiyozo, experta del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) de Sudáfrica, considera que el sistema está diseñado para limitar el acceso y concluye que «viajar es algo reservado a unos pocos».



