El Papa León XIV ha dejado una profunda huella en Valladolid durante su reciente visita a España. Más allá de los actos oficiales, han sido las historias personales y los vínculos afectivos los que han marcado su estancia en la capital castellana.
Desde encuentros musicales hasta gestos simbólicos, la presencia de León XIV en Valladolid ha estado llena de momentos significativos que reflejan su aprecio por la ciudad y sus habitantes.
Encuentros musicales y amistades perdurables
Uno de los momentos más destacados fue el concierto del coro JMJdirigido por el vallisoletano de adopción Sergio Martínez. El Papa disfrutó de la actuación y mantuvo una conversación informal con Armando Jesús Loberaun residente de Villa de Prado con quien compartió amistad desde su etapa en Perú.
Además, León XIV se llevó consigo un cuadro de Santo Toribio que el arzobispo tenía en su despacho, un gesto que simboliza la conexión espiritual entre el pontífice y la ciudad.
La influencia vallisoletana en el Papa
La relación de León XIV con Valladolid se remonta a sus años en la curia romana, donde compartió doce años de trabajo con el fraile vallisoletano Miguel Ángel Martín. Esta amistad ha dejado una marca indeleble en el pontífice, incluyendo su afición por el Real Madridun equipo que adoptó gracias a las bromas y conversaciones con Miguel Ángel.
«Yo soy del Madrid por culpa de Miguel Ángel», confesó el Papa, revelando cómo las conversaciones cotidianas y las bromas compartidas en Roma lo llevaron a apoyar al equipo blanco.
Un reconocimiento especial
El vínculo del Papa con el Real Madrid se fortaleció durante su visita a España, donde fue nombrado socio de honor del club. Este reconocimiento no solo honra su figura universal, sino que también celebra los lazos que lo unen a Valladolid y a sus habitantes.
«El Real Madrid muestra su admiración y reconocimiento a una figura universal que promueve la paz, la solidaridad y la justicia en el mundo», destacó el comunicado del club.
La visita de León XIV al estadio Santiago Bernabéu el 8 de junio de 2026 quedó grabada en la historia del club y en el corazón de los vallisoletanos, consolidando una conexión que trasciende lo religioso y lo deportivo.



