Durante los últimos cuatro días, el espacio aéreo de Europa ha experimentado una sucesión inusual de amenazas de bomba que, aunque resultaron ser falsas, provocaron desvíos, inspecciones exhaustivas y la movilización de aviones de combate en varios países. Más de treinta aviones comerciales se vieron obligados a alterar sus rutas, generando retrasos y una sensación de inseguridad entre pasajeros y compañías aéreas.
Cronología de los avisos en la semana
El martes se registró el primer caso notable cuando un vuelo de Wizz Air con origen en Londres y destino a Sofía tuvo que aterrizar de emergencia en Budapest tras recibir un mensaje que anunciaba una posible bomba a bordo. Simultáneamente, la autoridad aeroportuaria española (Aena) activó el protocolo de seguridad en el Aeropuerto de Murcia cuando una aeronave de Ryanair proveniente de Manchester reportó una alerta similar. El jueves se intensificó la situación: aeropuertos de Londres, Birmingham, Bruselas, Bucarest, Madrid, Milán, Praga, Roma, Sofía y Varsovia recibieron notificaciones que obligaron a inspecciones y, en algunos casos, a desvíos a aeropuertos alternativos.
El viernes amplió la ola con nuevas advertencias en la República Checa, Dinamarca, Francia, Bulgaria y Portugal. En Praga, nueve vuelos –tres de llegada y seis de salida– fueron puestos bajo control, mientras que en Francia el gobierno confirmó cuatro aviones afectados en su espacio aéreo. En Dinamarca, la Policía investigó una amenaza dirigida al aeropuerto de Copenhague, aunque las operaciones continuaron sin interrupciones mayores.
Respuesta de aerolíneas y fuerzas de seguridad
Al recibir una amenaza de bomba, la normativa obliga a los operadores a activar de inmediato los protocolos de seguridad, independientemente de la veracidad del aviso. Esto implica la evacuación del avión, la revisión exhaustiva por parte de unidades especializadas y, en varios casos, el acompañamiento de cazas militares. En Bulgaria, Francia, Hungría e Italia, los ejércitos desplegaron aviones de combate –en Hungría, los Gripen de la OTAN– para escoltar a las aeronaves afectadas hasta llegar a salvo a sus destinos.
Los desvíos generan costos significativos: reprogramación de tripulaciones, pérdida de combustible y la cascada de retrasos que afecta a cientos de pasajeros. Las compañías, como Ryanair y Wizz Air, no pueden arriesgar la seguridad, por lo que optan por cumplir con las órdenes sin cuestionar, aunque los propios pasajeros terminan observando en tiempo real los cambios en las pantallas de salida y escuchando anuncios de última hora.
¿Quién podría estar detrás?
Hasta la fecha, la autoría de los mensajes sigue sin identificarse. En un contexto donde Europa se encuentra alerta por operaciones de guerra híbrida, algunos analistas han sugerido la posibilidad de una campaña destinada a sembrar miedo y desestabilizar el tráfico aéreo. No obstante, no existen pruebas concluyentes que vinculen a Rusia, Irán u otro Estado con los avisos. Varios de los correos que contenían la amenaza fueron enviados mediante correo electrónico y se dirigieron a aeropuertos de Bulgaria, Italia, Polonia y España, aunque la coincidencia de forma y tiempo sugiere que podrían pertenecer a una única operación.
Expertos en seguridad describen el patrón como típico de un ataque híbrido: bajo costo, fácilmente denegable y capaz de generar un efecto dominó en la logística civil. El ministro de Asuntos Exteriores de España ha señalado que la coincidencia de modalidades y la simultaneidad en distintos estados hacen poco probable que se trate de simples incidentes aislados. Mientras tanto, las investigaciones continúan, con la esperanza de descubrir si se trata de una acción coordinada o de imitaciones motivadas por agravios personales.



