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Italia ha presentado ante el Secretariado de la UNESCO en París un paquete de candidaturas culturales destinado a proteger tradiciones que atraviesan lo religioso, lo artesanal y lo alimentario. La propuesta principal, titulada «Il presepe, dalle origini a tradizione culturale, e l’arte di crearlo», fue depositada con la participación de España y Paraguay y pretende reconocer al presepe como un fenómeno cultural que combina prácticas comunitarias, técnicas artísticas y simbolismo religioso. El objetivo es salvaguardar los saberes heredados y promover este patrimonio como puente intercultural.
En paralelo, la Comisión Nacional Italiana para la UNESCO, por iniciativa del Ministerio de Cultura, ha impulsado otras dos candidaturas: el ritual de conservación de uvas en la Valpolicella y la participación italiana en una iniciativa multinacional sobre patrimonio alimentario alpino. El trabajo técnico y antropológico ha sido coordinado por la oficina UNESCO de la Dirección General de Asuntos Europeos e Internacionales del ministerio, con la intención de combinar protección, visibilidad y cooperación internacional para comunidades locales y sectores productivos.
El expediente dedicado al presepe reúne aportes de asociaciones especializadas, instituciones locales y lugares emblemáticos como Greccio y Assisi. En el dossier se destaca la dimensión artística y artesanal del montaje de escenas navideñas, así como su función social: el presepe actúa como un elemento de identidad y cohesión comunitaria. Frente a la diversidad de materiales y estilos, la propuesta busca valorar tanto la creatividad individual de los artistas como las prácticas colectivas que sostienen la representación año tras año.
Entre los aspectos técnicos señalados figuran las técnicas constructivas, los materiales tradicionales y la organización de quienes planifican y montan las escenas. El expediente enfatiza la importancia de proteger oficios específicos —escultores, pintores, carpinteros, creadores de escenografía— y funciones sociales como la coordinación comunitaria. El reconocimiento en la Lista del patrimonio cultural inmaterial se concibe como una vía para visibilizar estas competencias y fortalecer las redes locales que las mantienen vivas.
La candidatura titulada El rito de la messa a riposo delle uve de la Valpolicella documenta la práctica de la conservación y secado de uvas como una operación técnica que trasciende lo productivo y configura paisajes culturales. El expediente, elaborado junto a actores como SNODAR, el Consorzio dei vini della Valpolicella y universidades, plantea que la técnica —conocida en italiano como appassimento— es a la vez un saber agrícola, una actividad económica y un factor de identidad territorial.
Más allá del valor cultural, la candidatura subraya la relación entre estas prácticas y la conservación del paisaje agrícola, la biodiversidad y la economía rural. Salvaguardar el rito implica promover métodos de manejo que favorezcan la sostenibilidad y conecten a productores, investigadores e instituciones en una gestión compartida del territorio, reforzando tanto la calidad del producto como la resiliencia de las comunidades vitivinícolas.
Italia participa asimismo en una iniciativa coordinada por Suiza, con la implicación de Francia y Eslovenia, para inscribir en el Registro de las Buenas Prácticas de Salvaguardia programas que las comunidades alpinas despliegan para conservar tradiciones alimentarias. El foco está en experiencias concretas que combinan transmisión de recetas, técnicas de producción y estrategias comunitarias para mantener costumbres vinculadas a la montaña.
Esta apuesta transnacional pretende crear un banco de soluciones replicables y fomentar alianzas entre regiones montañosas, mostrando cómo prácticas locales pueden convertirse en modelos para la protección del patrimonio inmaterial en contextos ambientales y sociales compartidos.
Una vez entregados, los expedientes serán sometidos a examen técnico por parte del Secretariado de la UNESCO; si superan esa fase, pasarán a evaluación por el órgano consultivo correspondiente antes de la decisión definitiva del comité encargado del patrimonio inmaterial. Para las comunidades y los sectores implicados, la inscripción representaría no solo un reconocimiento simbólico, sino una herramienta para fortalecer capacidades, rediseñar políticas de conservación y ampliar la visibilidad internacional de prácticas que sustentan identidades locales.
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