El 27 de octubre de 2026 los colegios electorales israelíes se pusieron en marcha a las 07:00 hora local, marcando la primera votación nacional tras los ataques de Hamás en octubre de 2023. Más de 7,2 millones de ciudadanos están llamados a las urnas para decidir quién dirigirá al país en una etapa caracterizada por la violencia reciente y una profunda polarización política.
El día de las elecciones se ha declarado festivo a nivel nacional, lo que permite a la mayor parte de la población acudir a los centros de voto sin perder salario, siempre que cumplan los requisitos legales. Sin embargo, servicios esenciales como la salud y la seguridad continúan operando, garantizando la vida cotidiana mientras el país se prepara para elegir a sus representantes.
Cómo se organiza la jornada electoral
Una de las medidas más llamativas es el transporte público gratuito para desplazarse a los colegios electorales. Desde la noche del lunes hasta el cierre del servicio el martes, los trenes y ciertos autobuses interurbanos circulan sin costo; los autobuses urbanos y trayectos cortos siguen siendo de pago, pero la iniciativa busca aliviar la carga logística del votante.
El conflicto armado forzó a miles de israelíes a abandonar sus hogares. Para asegurar que estos ciudadanos desplazados puedan ejercer su derecho al voto, se habilitaron colegios electorales temporales en zonas de refugio. De esta forma, los residentes que aún se encuentran fuera de sus municipios de origen pueden emitir su sufragio sin necesidad de regresar, adaptando el proceso electoral a las condiciones de guerra.
El sistema de votación y quiénes pueden participar
En Israel solo pueden votar los ciudadanos que tengan al menos 18 años y consten en el censo electoral. La ciudadanía puede adquirirse por nacimiento, descendencia o naturalización; residir en el territorio sin poseer pasaporte israelí no otorga derecho de voto. El voto desde el extranjero es una excepción muy limitada: solo algunos funcionarios y militares pueden hacerlo en consulados, mientras que la mayoría de los expatriados debe regresar al país para participar.
El país emplea un sistema de representación proporcional con una circunscripción única a nivel nacional. Los votantes eligen una lista de partido y los 120 escaños de la Knesset se distribuyen según el porcentaje de votos obtenidos. Un umbral del 3,25 % (aproximadamente tres escaños) es necesario para que una formación ingrese al parlamento, lo que obliga a los partidos a negociar alianzas para formar gobierno.
Escenario político y partidos en juego
Las encuestas sitúan al Likud de Benjamín Netanyahu y sus aliados de derecha y ultraortodoxos como la coalición oficial, aunque ninguna fuerza supera por sí sola los 61 escaños necesarios para gobernar. En la oposición, el exgeneral Gadi Eisenkot lidera una alianza que agrupa a partidos de centro, izquierda y moderados, mientras que formaciones como Poder Judío y Sionismo Religioso promueven la anexión de Cisjordania.
Los ciudadanos árabes israelíes, que representan alrededor del 20 % del electorado, tienen partidos propios (Hadash, Ta’al, Ra’am, Balad) que suelen ser decisivos en la formación de coaliciones. La falta de mayoría clara sugiere posibles meses de estancamiento político, con la posibilidad de que Netanyahu continúe al frente de un gobierno en funciones mientras se negocian acuerdos de coalición.



