El verano de 2026 está dejando una estela de destrucción en Europa. Los incendios forestales han obligado a evacuar a más de 325.000 personas en España y Francia, mientras el continente se calienta a un ritmo alarmante. Este fenómeno no es casualidad, sino el resultado de una tendencia climática que la ciencia ha venido advirtiendo durante años.
El calentamiento global está afectando a Europa de manera desproporcionada. Según el informe European State of the Climate el continente se ha calentado más del doble de rápido que el promedio mundial desde la década de 1980. Esta aceleración tiene consecuencias devastadoras, como el aumento de la frecuencia e intensidad de los incendios forestales.
Un continente en llamas
Los datos de este verano son escalofriantes. En España, más de 150.000 hectáreas han sido consumidas por las llamas desde enero, seis veces más que en el mismo período del año anterior. Francia no se queda atrás, con unas 115.000 hectáreas quemadas. Estos números reflejan una tendencia preocupante, ya que 2026 fue el peor año registrado en Europa en términos de incendios forestales, con más de dos millones de hectáreas calcinadas.
Las razones detrás del calentamiento acelerado
Varios factores contribuyen a este calentamiento acelerado. En primer lugar, la tierra se calienta más rápido que el océano. Además, los cambios en la circulación atmosférica favorecen olas de calor más intensas. La reducción de la contaminación del aire ha eliminado partículas que antes actuaban como una especie de sombrilla, y la menor cobertura de nieve deja el suelo más expuesto al calor.
Estos cambios climáticos tienen un impacto directo en la vegetación. Las temporadas húmedas favorecen el crecimiento de matorrales y pastizales, que luego se secan durante los veranos largos y abrasadores, convirtiéndose en yesca lista para arder. Esto resulta en temporadas de incendios más largas y difíciles de controlar.
El fuego avanza hacia el norte
Tradicionalmente, los grandes incendios se asociaban con el sur de Europa, pero este verano las condiciones extremas han llegado a regiones más al norte. Francia, por ejemplo, está experimentando episodios de incendios que antes eran impropios de su clima. Esta expansión del riesgo hacia el centro y norte del continente significa que cada vez más regiones que se creían a salvo ahora están expuestas.
La ciencia de la atribución climática es clara: estas olas de calor y condiciones de incendio son mucho más probables e intensas en un planeta recalentado. Los expertos advierten que, sin medidas urgentes, esta tendencia solo empeorará.
Ante esta crisis, los expertos y responsables públicos subrayan la necesidad de reducir las emisiones que alimentan el calentamiento global y adaptarse a un fuego más agresivo mediante una mejor prevención, gestión del monte y planificación del territorio. Mientras tanto, los habitantes del sur de Europa deben prepararse para veranos cada vez más calurosos y peligrosos.



