Colmar, situada en el corazón de Alsacia, parece haber detenido el tiempo. Sus casas de entramado de madera, los canales que atraviesan la ciudad y las fachadas multicolores convierten cada calle en una postal viva. Más allá de su belleza fotogénica, la localidad alberga iglesias góticas, museos de primer nivel y una oferta gastronómica que combina lo mejor de la tradición francesa y alemana.
Principales atracciones del casco histórico
El centro antiguo de Colmar es compacto y se recorre a pie. Entre los lugares que no pueden faltar en la primera visita destacan la Petite Venise, conocida como la Pequeña Venecia, donde el río Lauch refleja las casas de colores. Dedica entre 45 y 60 minutos para caminar por la zona, cruzar el puente de la Rue Turenne y, si el tiempo lo permite, embarcarte en una tranquila excursión en barca.
Al norte, el Barrio de los Pescadores (Quartier des Tanneurs) muestra la vida anterior del río, con antiguas viviendas que sirvieron de almacenes a los pescadores. Una visita rápida de 20 minutos permite imaginar el comercio fluvial que prosperó allí durante siglos.
El Mercado Cubierto, construido entre 1864 y 1865, se ubica junto al Lauch y ofrece frutas, quesos, embutidos y flores locales. Reservar entre 20 y 30 minutos para recorrer sus puestos es una oportunidad para probar sabores típicos de Alsacia. La arquitectura del edificio, con su estructura metálica, recuerda que antes los productos llegaban en barca directamente al mercado.
El Barrio de los Curtidores (Quartier des Tanneurs) conserva fachadas con entramados de madera y tejados ampliados, diseñados para secar pieles. Pasear por la Rue des Tanneurs durante unos 20 minutos permite observar cómo la industria del cuero marcó la arquitectura local.
En el centro, la Colegiata de San Martín destaca como una de las mayores iglesias góticas de la región. Construida entre 1235 y 1365, su fachada de arenisca rojiza y su gran nave central merecen entre 20 y 30 minutos de contemplación.
Otras joyas que merecen una parada breve (<10-15 min) son la Casa Pfister, con su fachada renacentista y figuras pintadas; la Antigua Aduana o Koïfhus, el edificio público más antiguo de la ciudad; y la Maison des Têtes, una mansión renacentista adornada con más de un centenar de rostros tallados.
Los museos imprescindibles
El Museo Unterlinden ocupa un antiguo convento dominico y alberga, entre otras obras, el célebre Retablo de Issenheim de Matthias Grünewald. Una visita de 1 a 2 horas permite apreciar la riqueza de la colección, que abarca desde la Edad Media hasta el arte contemporáneo.
El Museo Bartholdi, ubicado en la Rue des Marchands, celebra la vida del escultor que diseñó la Estatua de la Libertad. Con una duración aproximada de 45 minutos, muestra maquetas, bocetos y esculturas que revelan el proceso creativo de Auguste Bartholdi, nacido en Colmar en 1834.
Excursiones alrededor de Colmar y la Ruta de los Vinos
Colmar constituye una base excelente para descubrir los pueblos más pintorescos de la Ruta de los Vinos. Reservar dos días adicionales permite visitar localidades como Riquewihr, Eguisheim o Kaysersberg, donde los viñedos se extienden sobre colinas cubiertas de viñas centenarias.
Durante la temporada de Adviento, los mercados navideños transforman la ciudad en un destino de gran demanda europea. Las luces, los puestos de artesanía y el aroma a glühwein convierten a Colmar en una experiencia invernal única.
Para optimizar el tiempo, se recomienda dedicar al menos un día completo al recorrido del casco histórico, complementado con una visita guiada gratuita que se puede reservar previamente. Si el itinerario lo permite, añada dos días más para explorar los alrededores y degustar los vinos locales en bodegas familiares.



