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26 octubre 2026

Protestas en Francia e Italia y acuerdo que pospone prohibir combustión

Manifestaciones masivas y un tratado automotriz redefinen la agenda europea.

Protestas en Francia e Italia y acuerdo que pospone prohibir combustión

En los últimos días, la presión social ha alcanzado cifras históricas en dos de las economías más grandes de la Unión Europea. Más de 550 000 manifestantes se congregaron en ciudades como París y Milán para protestar contra el aumento del costo de vida y la percepción de servicios públicos insuficientes. Al mismo tiempo, los gobiernos de Alemania, Francia e Italia anunciaron un acuerdo trilateral que cambia el rumbo de la política medioambiental al mantener vigentes los motores de combustión bajo condiciones especiales.

En Francia, los indicadores económicos reflejan el descontento: el índice PMI Flash cayó a 48,4 puntos en octubre, frente a 51,1 en septiembre, señalando una contracción notable en el sector privado. Este retroceso se produce en un contexto electoral que se avecina en 2027, y expertos advierten que la falta de recuperación agudiza la tensión social. El líder de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, denunció al gobierno una «huida hacia adelante autoritaria» tras las restricciones impuestas después de los disturbios del 17 de octubre, cuando varios municipios fueron escenario de saqueos y enfrentamientos.

Descontento en Francia e Italia: causas y consecuencias

En Italia, la respuesta del sector del transporte ha sido más rápida. Los bloqueos de carreteras fueron levantados tras la aprobación de un decreto que destina más de 500 millones de euros a ayudas para contrarrestar el alza del precio de los combustibles. Sin embargo, la escasez en los supermercados persiste, una sombra de los enfrentamientos que se vivieron en Milán el pasado fin de semana. Autoridades italianas también anunciaron un refuerzo de la seguridad en Roma, anticipando nuevas manifestaciones, incluidas protestas estudiantiles.

Los análisis coinciden en que la combinación de inflación y sensación de ineficacia estatal ha catalizado la masiva movilización. Mientras el presidente Emmanuel Macron exige «máxima contundencia» contra los actos delictivos y rechaza la dimisión del ministro del Interior, el primer ministro italiano Giorgia Meloni busca calmar la situación mediante subsidios directos, aunque la presión popular no parece disiparse pronto.

Acuerdo sobre motores de combustión: la nueva lógica europea

Paralelamente, la industria automotriz recibe un impulso inesperado. Alemania y Francia, apoyadas por Italia, han negociado un marco que permite que los motores de combustión sigan comercializándose en la UE, siempre que cumplan con criterios de origen y emisiones. El tratado exige que, para que un vehículo lleve la etiqueta «made in Europe«, al menos el 70 % de sus componentes se fabrique dentro del bloque y el 10 % de la batería provenga de fuentes europeas, excluyendo la propia batería del cálculo.

Esta flexibilización difiere del objetivo original de eliminar la venta de coches con combustión para 2035. En lugar de la prohibición total, se mantiene un límite del 10 % de emisiones de CO₂, que puede compensarse con combustibles sintéticos o hidrógeno, aunque sigue existiendo la preocupación por partículas nocivas como el NOx. El acuerdo también evita que los fabricantes tengan que afrontar multas potenciales de cientos de millones de euros, como la multa estimada de 1 500 millones que el Grupo Volkswagen habría enfrentado bajo las normas anteriores.

Ventajas y retos para los países firmantes

Para Alemania, la medida representa un respiro ante la lenta adopción de vehículos eléctricos y los despidos masivos planificados en la industria (hasta 100 000 puestos). La dependencia de ventas en China y los aranceles estadounidenses han mermado los ingresos de los grandes grupos automotrices, por lo que preservar la producción de coches de combustión se vuelve estratégico. Francia, por su parte, persigue un mayor proteccionismo que limite la entrada de productos chinos y de terceros países con acuerdos comerciales favorables, reforzando la capacidad manufacturera europea.

En conjunto, el pacto busca impulsar la producción europea de automóviles, garantizando empleo y competitividad, mientras se mantiene un marco medioambiental que, aunque menos estricto que la prohibición total, sigue orientado a la reducción progresiva de emisiones. El futuro de la movilidad en el continente, por tanto, se perfila como una combinación de vehículos eléctricos y motores de combustión de última generación bajo condiciones más controladas.

Autor

Diego Morales

Diego Morales escribe igual de bien sobre la táctica de un derbi madrileño y una ruta gastronómica por Asturias. Periodismo deportivo con contexto y crónica de viaje con itinerario real.