Cuando el termómetro baja y las reuniones familiares se multiplican, el riesgo de contraer una infección respiratoria sube considerablemente. El Dr. Waleed Javaid, epidemiólogo de West Virginia University, señala que hoy coexisten COVID-19, influenza y RSV, además de norovirus y bacterias como E. coli. Los viajes en avión, al concentrar a personas en espacios cerrados, pueden convertirse en focos de contagio si no se toman medidas preventivas.
Preparación antes del embarque
El primer escudo contra la enfermedad es la inmunidad. El CDC recomienda actualizar las vacunas anuales contra la gripe, los refuerzos de COVID-19 y, cuando corresponda, la vacuna contra el RSV. Complementar la defensa con hábitos de sueño reparador, una dieta equilibrada y suplementos como vitamina D y zinc es esencial, según la Dra. Taz Bhatia de Genexa. Además, el Dr. Nate Favini sugiere consumir 1.000 mg de vitamina C diarios durante periodos de estrés, pues estudios indican una reducción del 30 % al 65 % en infecciones virales.
Higiene y cuidados a bordo
Una mascarilla sigue siendo una herramienta eficaz. Un estudio del Departamento de Defensa de EE. UU. en 2020 demostró que la transmisión de COVID-19 en aviones es «extremadamente improbable» cuando los pasajeros usan mascarilla. La CDC aconseja que viajeros con fiebre o síntomas respiratorios la mantengan, y que quienes se sienten cerca de ellos hagan lo mismo. En cuanto a las manos, el Dr. Nicholas Testa de CommonSpirit Health recalcó que el lavado con jabón y agua o el uso de desinfectante con al menos 60 % de alcohol sigue siendo la medida preventiva más importante.
La hidratación es otro pilar. La humedad dentro de la cabina ronda el 10 %–20 %, muy por debajo del rango cómodo de 30 %–65 % recomendado por Northwestern Medicine. El Dr. Favini aconseja beber al menos ocho onzas (≈ 240 ml) de agua cada hora de vuelo y evitar alcohol y cafeína, que aumentan la deshidratación.
Los espacios de alto contacto requieren atención extra. La Dra. Marina Gafanovich advierte que los lavabos de los aviones albergan germenes en grifos, manijas y asientos; sugiere usar toallas de papel al tocar esas superficies. Asimismo, el Dr. Testa recomienda limpiar la bandeja, los conductos de ventilación superiores y el bolsillo del respaldo con toallitas desinfectantes antes de usarlos.
Escoger el asiento también influye en la exposición. Los asientos de pasillo reciben más tránsito y, por tanto, mayor contacto con pasajeros enfermos. El Dr. Testa sugiere preferir la ventana, pues reduce la interacción directa con otros viajeros. Mantener el ventilador de aire encendido, apuntado hacia abajo, crea un «cono de protección» que desvía partículas contaminadas, según el Dr. Frank Contacessa.
Limpieza de áreas comunes y baño
Antes de despegar, es aconsejable usar el baño para evitar visitas durante el vuelo, reducción que minimiza el contacto con superficies potencialmente contaminadas, según la Dra. Gafanovich. Cuando sea inevitable usar el lavabo, emplear una toalla de papel al tocar el grifo, la tapa del inodoro o la manija de la puerta, y desinfectar con una toallita antes de tocar cualquier otra cosa.
Si la tendencia a tocarse la cara es difícil de controlar, los guantes pueden actuar como recordatorio. La Dra. Julie Fischer de Georgetown University destaca que, al llevar guantes, el viajero se vuelve más consciente de evitar llevar las manos a la nariz o la boca, aunque el lavado de manos sigue siendo la defensa principal.
Aplicando estas recomendaciones –vacunación al día, descanso, higiene rigurosa, hidratación constante y selección cuidadosa del asiento– los viajeros pueden disfrutar de las fiestas sin que una gripe arruine sus planes.



