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2 octubre 2026

Borges y su amor por el Quijote, la felicidad y la belleza

Borges revela su amor por Cervantes, su idea de la felicidad sin misterio y la naturaleza inexplicable de la belleza.

Borges y su amor por el Quijote, la felicidad y la belleza

Jorge Luis Borges, figura emblemática de la literatura del siglo XX, llevaba una vida de aparente sobriedad: no bebía, no fumaba y apenas comía. Sin embargo, en una serie de conversaciones con el periodista Osvaldo Ferrari, publicadas bajo el título Reencuentro confesó que sus vicios reales eran dos obras clásicas, El Quijote y La Divina Comedia. La ironía de llamar «vicio» a la lectura de estos gigantes literarios revela cuánto valor tenía para él el regreso constante a esos textos, como quien se entrega a un hábito del que no se quiere desprender.

El Quijote, un placer que trasciende la edad

La relación de Borges con la novela cervantina comenzó de forma insólita. De niño, vivió varios años en Inglaterra y aprendió a leer antes en inglés que en castellano. Fue allí donde descubrió por primera vez a don Quijote y a Sancho Panza, aunque en una traducción al idioma anglosajón. Al releer la obra en español, Borges aseguró que el original le sonó como una traducción de la versión inglesa, una confesión que usó para ilustrar su costumbre de abordar los clásicos desde ángulos inesperados. Esta fascinación quedó reflejada en más de noventa textos suyos, siendo el relato más famoso Pierre Menard, autor del Quijote donde explora la autoridad del lector frente al autor.

Felicidad sin misterio, según Borges

En el cuento El indigno incluido en la colección El informe de Brodie el personaje Santiago Fischbein reflexiona sobre la amistad y el amor, describiéndolos como fenómenos misteriosos. En medio de esa meditación, Borges inserta la frase: «He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola». La idea contrapone la complejidad de los vínculos humanos con la simplicidad de la felicidad sugiriendo que esta no requiere de una justificación racional para ser válida. En el contexto del relato, la declaración adquiere un matiz adicional al tratarse de una culpa que persiste, mostrando que la felicidad puede emerger como una luz clara en medio de recuerdos oscuros.

La belleza como misterio imposible de descifrar

Durante la elaboración de la serie Biblioteca personal encargada por la editorial Hyspamérica, Borges escribió un prólogo general donde definió la belleza como «un misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica». En sus palabras, la psicología intenta explicar el placer estético, mientras que la retórica trata de describirlo o convencernos de su valor; ambas disciplinas, según él, se quedan cortas ante la experiencia directa. Para respaldar esa postura, citó a Angelus Silesius diciendo «La rosa es sin porqué» y a James Whistler con «El arte sucede», subrayando que la belleza ocurre sin necesidad de una razón lógica.

Esta visión se materializa en la cotidianeidad: al contemplar un paisaje, una obra de arte o un rostro que nos conmueve, la sensación de belleza surge de forma inmediata, sin que un análisis detallado pueda reemplazarla. La publicidad o la crítica especializada a menudo intentan justificar la atracción estética, pero, como afirma Borges, esa explicación nunca sustituye al impacto visceral del encuentro con lo bello.

El legado de Borges, a través de sus confesiones sobre El Quijote su teoría de la felicidad y su definición de belleza sigue invitando a lectores de todas las generaciones a reconsiderar lo que constituye un placer auténtico y una experiencia genuina. Sus palabras nos recuerdan que, más allá de los juicios académicos o las normas sociales, el verdadero valor de la literatura y del arte radica en la capacidad de provocar emociones que, a veces, no necesitan ser racionalizadas.

Autor

Carla Vidal

Carla Vidal escribe sobre ciudades y cultura. Sabe emparejar un destino con el clima de la semana, de plazas soleadas a dias de museo sin lluvia.