Los viajes aéreos de larga duración pueden convertirse en una experiencia desafiante para el cuerpo humano. Factores como la baja humedad en la cabina, la inmovilidad prolongada y los cambios de husos horarios pueden desencadenar problemas como deshidratacióntrombosis venosa profunda (TVP), jet lag e infecciones respiratorias.
La doctora Sonia Tejada, jefa de servicio de Neurocirugía y especialista en Acondicionamiento Físico y Mental en Olympia Quirónsalud, destaca la importancia de una preparación adecuada para mitigar estos riesgos y garantizar un viaje más placentero.
Hidratación: la clave para evitar molestias
El ambiente en la cabina de un avión es notablemente seco, con niveles de humedad que oscilan entre el 10% y el 20%. Esta condición favorece la pérdida de líquidos, lo que puede provocar sequedad oculardolor de cabeza fatiga y aumentar el riesgo de coagulación.
Para contrarrestar estos efectos, se recomienda consumir entre 200 y 250 ml de agua cada hora. Incorporar electrolitos puede ser beneficioso. Es fundamental evitar el consumo de alcohol y cafeína ya que tienen un efecto diurético que agrava la deshidratación.
Movimiento: activar la circulación sanguínea
Permanecer sentado por largos periodos dificulta la circulación sanguínea en las piernas, incrementando el riesgo de trombosis venosa profunda. En vuelos que superan las 4 horas, es esencial levantarse cada 1-2 horas o realizar ejercicios sencillos en el asiento.
Algunas actividades recomendadas incluyen rotaciones de tobillos, elevación de talones y puntas de los pies, y flexión de rodillas. Cada ejercicio puede realizarse durante unos 30 segundos y repetirse varias veces. El movimiento es crucial para activar la circulación y reducir el riesgo de complicaciones vasculares señala la doctora Tejada.
Ropa y accesorios: aliados para la circulación
La elección de la ropa también juega un papel importante en la circulación sanguínea. Se recomienda utilizar prendas holgadas, evitar ropa ajustada que comprima el abdomen o las piernas y optar por calzado cómodo.
Las medias de compresión graduada (15-30 mmHg) son una excelente opción para reducir la hinchazón en las extremidades inferiores. Además, es aconsejable no cruzar las piernas y, si es posible, elegir asientos con mayor espacio, como los de pasillo.
Jet lag: ajustar el ritmo circadiano
Cuando el viaje implica un cambio de más de tres husos horarios, el ritmo circadiano se altera, lo que puede provocar insomnio o somnolencia. Para minimizar estos efectos, se recomienda ajustar progresivamente los horarios de sueño uno o dos días antes del viaje y adaptar el descanso durante el vuelo en función del destino.
La melatonina puede ser una ayuda en algunos casos, aunque siempre es recomendable consultar con un profesional sanitario antes de utilizarla, especialmente en dosis elevadas.
Cuidado respiratorio: proteger las vías respiratorias
El aire seco de la cabina también afecta a las vías respiratorias, favoreciendo la irritación de las mucosas y aumentando el riesgo de contagio de infecciones. Este riesgo puede ser hasta dos o tres veces mayor que en otros espacios públicos.
Para prevenir estos problemas, se pueden utilizar sprays nasales salinoshumidificadores portátiles o descongestionantes especialmente en personas con alergias o asma. El uso de mascarilla es recomendable en personas inmunodeprimidas o con infecciones respiratorias.
Alimentación ligera: facilitar la digestión
Durante el vuelo, la digestión puede volverse más lenta debido a la falta de movimiento y a la presión en cabina. Por ello, es preferible realizar comidas ligeras y en pequeñas cantidades, priorizando alimentos fáciles de digerir como frutas, yogures o snacks bajos en grasa y sodio.
Evitar alimentos ultraprocesados ayuda a prevenir la retención de líquidos y la sensación de hinchazón. En personas con factores de riesgo, como antecedentes de trombosis, cirugía reciente, obesidad, uso de anticonceptivos o embarazo, es especialmente importante consultar con un médico antes de realizar un vuelo largo.
En determinados casos, puede ser necesario valorar medidas preventivas adicionales, como el uso de tratamiento anticoagulante profiláctico, concluye la doctora Sonia Tejada.
Adoptar estas recomendaciones permite reducir riesgos y mejorar la experiencia de viaje, favoreciendo un trayecto más cómodo y seguro incluso en vuelos de larga duración.



