Christopher Nolan ha logrado lo que muchos creían imposible: llevar la Odisea de Homero a la pantalla grande en pleno siglo XXI, y no solo eso, sino llenar las salas de cine en agosto con multitudes de todas las edades. Esta hazaña no es casualidad, sino una prueba de que las historias sobre la lucha por regresar a casa adquieren una fuerza especial en tiempos de desconcierto y naufragio.
La Odisea, en su esencia, es el relato de Ulises, un hombre que durante veinte años batalla por regresar a un hogar que otros quieren arrebatarle, mientras su compañera, Penélope, resiste con determinación el asedio de los usurpadores. Esta épica narrativa no solo es una historia de aventuras, sino un símbolo de persistencia y coraje en la defensa de un lugar en el mundo.
Ulises: más que un héroe de fuerza bruta
Ulises, a diferencia de otros héroes como Aquiles, no es un mártir. Es un hombre que quiere vencer y llegar vivo a casa para reunirse con los suyos. Para lograrlo, no solo necesita fuerza, sino también inteligenciaastucia y capacidad de persuasión. Nolan retrata a este Ulises en su faceta más conocida, como el estratega detrás del caballo de Troya pero también como el hombre que, acorralado en la cueva de Polifemo, se hace llamar “Nadie” para escapar de las garras de los temibles cíclopes.
Penélope: más que una figura de espera
Penélope, a menudo vista como una figura de espera, es en realidad un símbolo de resistencia y insumisión. Teje y desteje el sudario de Laertes para ganar tiempo y preservar el gobierno de su tierra, de su cuerpo y su propia dignidad. Esta interpretación de Penélope como una mujer dueña de sí misma es una lectura feminista que enriquece la narrativa original.
Lecciones para la sociedad actual
En un mundo donde las derechas ultras avanzan con crueldad extrema y las alternativas humanistas carecen de un mapa claro, la Odisea y la película de Nolan nos invitan a reflexionar sobre cómo Ulises y Penélope pueden servirnos de guías en la lucha por un mundo más igualitario, libre y fraternal. ¿Basta con tener razón para vencer, o también hay que saber actuar con la astucia y la audacia de Ulises cuando las circunstancias lo requieren?
Las derechas ultras han demostrado ser expertas en mutar y adaptarse, fingiendo ser feministas por horas si eso les permite atacar a los trabajadores migrantes de origen árabe, para luego volver a su machismo, clasismo y racismo de siempre. Este oportunismo no es inocente, sino una estrategia deliberada para dividir, estigmatizar y desanimar a la gente de abajo mientras se entroniza a los cíclopes del poder económico concentrado.
Las izquierdas con sentido ético no pueden hacer suyo el cinismo de los Trump, los Peter Thiel o los Netanyahu de turno, pero tampoco pueden ceder a un moralismo abstracto que renuncie a disputar el sentido común con determinación e inteligencia. A veces, la audacia de Ulises debería animarnos a avanzar incluso cuando los poderes fácticos nos amenazan con arrojar sobre nosotros a los temibles monstruos de Escila y Caribdis. Otras veces, en cambio, debería llevarnos a reducir la marcha, atándonos al mástil de nuestro barco y desoyendo los cantos de sirena que nos aseguran victorias fáciles sin la construcción previa de alianzas y de tejidos comunitarios sólidos.
Esta persistencia en el impulso de organizaciones culturales, vecinales, sindicales y de base es tan necesaria como la astucia, la capacidad de seducción y la propia exhibición de fuerza cuando una huelga o un acto de resistencia civil pueden más que mil palabras. Gracias a la sugerente película de Nolan, hemos recordado que a Ítaca no se regresa por derecho ni por nostalgia. Que hace falta inteligencia, persistencia y el coraje de seguir remando incluso cuando el mar entero parece estar en contra nuestro.
Con qué objetivo, podemos preguntarnos. Nolan también nos ofrece una respuesta: para que cuando llegue el momento, todavía quede un hogar que defender. O como prefería Dante en la Divina Comedia, para perseguir un horizonte nuevo, una nueva Ítaca que, con ese u otro nombre, nos siga encendiendo el corazón.



