Tomar el Touristic Eastern Express es optar por un recorrido pensado para quien valora el trayecto tanto como el destino. El tren conecta Ankara con Kars tres veces por semana y completa el viaje en alrededor de veinticuatro horas, manteniendo una velocidad media cercana a los 80 km/h. A bordo, las grandes ventanillas transforman el paso por la Anatolia oriental en un documental visual donde las llanuras se alternan con montañas nevadas y pueblos que muestran diferentes capas históricas.
Esta propuesta es una invitación al viaje lento: trenes cama, vagón comedor y espacios comunes facilitan el intercambio entre pasajeros mientras el paisaje se despliega. Además, el itinerario incluye paradas estratégicas que permiten bajar a visitar centros históricos y monumentos, convirtiendo el trayecto en una sucesión de microexploraciones culturales y naturalistas.
La ruta y las paradas clave
El trazado atraviesa gran parte de la Anatolia oriental, tocando ciudades como Kırıkkale, Kayseri, Sivas, Erzincan y Erzurum. Cada estación se concibe como una oportunidad para caminar por el casco antiguo, conocer museos locales o comprender la evolución arquitectónica y social de la región. El tren se vuelve un auténtico observatorio móvil, ideal para quienes desean absorber contextos sin la prisa de los vuelos.
Divriği y su patrimonio medieval
En el regreso hacia Ankara, la parada en Divriği destaca por la presencia de la Gran Mezquita y el hospital medieval, ambos inscritos en la lista de la UNESCO. Estas construcciones son ejemplos notables de la arquitectura anatólica: fachadas talladas, soluciones estructurales pensadas para perdurar y un valor testimonial para entender la religiosidad y la organización social del medievo regional.
Kars, Ani y el paisaje intacto
La llegada a Kars marca la entrada en un territorio de fronteras históricas y naturaleza extensa. La ciudad combina restos de épocas diversas —desde arquitectura de influencia zarista hasta plazas y edificios rurales— y actúa como base para visitar Ani, la antigua capital medieval conocida por sus numerosas iglesias y murallas. Las ruinas de Ani muestran siglos de convivencia entre comunidades cristianas y musulmanas y confirman el papel de la zona como cruce de rutas comerciales.
Invierno en Sarıkamış y el lago de Çıldır
Durante la estación fría, la región ofrece actividades específicas: Sarıkamış dispone de pistas que atraviesan bosques de pinos y servicios para esquí alpino y nórdico, mientras que el lago de Çıldır se congela y se transforma en una gran plataforma natural. Allí se realizan paseos a pie, en bicicleta o en trineos tirados por caballos, y la pesca bajo el hielo ejemplifica la adaptación local al entorno gélido. Todas estas actividades requieren precaución y respeto por las normas de seguridad.
Gastronomía y productos locales
La cocina de Kars refleja climas rigurosos y pastos de altitud: platos contundentes y técnicas de conservación propias de zonas frías. El símbolo culinario es el consumo de oca en preparaciones festivas y ahumadas; sin embargo, el producto más emblemático es el queso. Entre las variedades locales sobresalen el gruyere, el tuluk y el Kars Kaşarı, este último reconocido con denominación geográfica que protege prácticas y saberes artesanales.
Boğatepe y la ruta del queso
En el pequeño pueblo de Boğatepe se ubica el primer museo turco del queso y desde allí parte la Kars Cheese Route, un itinerario temático que conecta productores, talleres y museos. Las actividades incluyen degustaciones, visitas a queserías y comidas comunitarias que ponen en valor técnicas tradicionales y el vínculo entre la biodiversidad de los pastos —más de 1.500 especies florales— y el perfil aromático del lácteo. Estas iniciativas funcionan también como motores económicos locales.
Sostenibilidad y experiencia a bordo
El Touristic Eastern Express se presenta como una alternativa de menor impacto ambiental en comparación con el transporte aéreo: maximiza la observación del territorio sin la aceleración típica de otros medios. El tren cuenta con carrozas cama, un vagón restaurante y zonas comunes para socializar. Además, las propuestas en torno a la valorización de productos locales y la coordinación entre productores y operadores turísticos constituyen un enfoque orientado a la sostenibilidad socioeconómica de la región.
En conjunto, esta experiencia fusiona movilidad y descubrimiento: un recorrido pensado para quienes buscan ritmos lentos, inmersión cultural y el contacto directo con paisajes y fileras productivas que apuntan a la resiliencia territorial.



